Se acabó. Ayer,desinteresadamente, perdiste tu última oportunidad. Y te garantizo que yo no doy segundas ni terceras. El que no quiso cuando pudo, no podrá cuando quiera.
Te lo he intentado explicar, poco a poco, cada uno de los pocos días que gozamos de intimidad. Que aproveches ahora, cuando estoy pillada, ahora, cuando me interesas, ahora, cuando no mis ojos no ven más allá de esta débil pared. Ahora que ando ciega, cógeme la mano y ayúdame a caminar. Pero tu prefieres llorar por un alma perdida, vacía de emociones que te lleva a la frustración y al desamparo. Porque, desengáñate, pasarás la vida corriendo tras él como un niño abandonado que busque su padre. Y él se pasará la vida corriendo, huyendo de sus demonios, conquistado a los más incautos de cada ciudad por la que pase.
Podías ser enamorado y errante o feliz y pausado, escogiste la primera. Yo también lo habría hecho, pero hace años, no ahora, cuando aprendí que de sueños e ilusiones no se vive, que las promesas no son sustento, ni los suspiros tienen cuerpo.
Quise cuidar de tí, mas tú no quisiste.
A este blog dejo por testigo de mi frustración y determinación. Nunca nadie tuvo su segunda oportunidad, y tu tampoco la tendrás. Si no te diste cuenta a tiempo, no lo hagas a destiempo.
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